La autoridad de marca en la era de la inteligencia artificial se sostiene sobre un elemento fundamental que con frecuencia queda eclipsado por el entusiasmo tecnológico: la integridad de la procedencia de los datos.Existe una percepción extendida de que los sistemas de inteligencia artificial poseen una capacidad casi automática para distinguir la verdad de la falsedad, cuando en realidad su funcionamiento se basa en estructuras probabilísticas que predicen secuencias lingüísticas plausibles a partir de patrones aprendidos. Los modelos de lenguaje no verifican la información del mismo modo que lo haría una investigación humana basada en contraste de fuentes o validación…
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