Se perfila un futuro donde el ciudadano digital ya no gestionará personalmente cada contacto, negociación o acuerdo de privacidad con las miles de organizaciones que forman parte de su vida diaria. En su lugar, delegará esta compleja y a menudo tediosa labor a agentes de inteligencia artificial autónomos.Estos asistentes digitales actuarán como intermediarios y guardianes, tomando decisiones basadas en parámetros estrictos definidos por el usuario, desde la sensibilidad al precio hasta la preferencia ética, automatizando de facto el proceso de consumo y liberando al individuo de la sobrecarga cognitiva que supone la sociedad de la información. Esta cesión de poder…
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