Durante el transcurso de 2025, el fenómeno del lavado de imagen verde ha experimentado una mutación sofisticada que desafía la percepción pública y las estructuras regulatorias globales.Lo que anteriormente se manifestaba como simples errores de etiquetado ha evolucionado hacia el “greenrinsing”, una práctica donde grandes corporaciones establecen metas climáticas ambiciosas para captar capital institucional, solo para diluirlas sistemáticamente una vez que la presión financiera disminuye. Este retroceso en los compromisos de sostenibilidad ha afectado a entidades de la talla de Shell, BP, Unilever, Volvo, Air New Zealand y Coca-Cola, evidenciando una brecha alarmante entre la retórica corporativa y la ejecución…
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