Las empresas del Viejo Continente observan con atención el potencial transformador de la inteligencia artificial, reconociendo de manera casi unánime el valor que estas tecnologías pueden aportar a sus estructuras operativas. Sin embargo, este interés teórico no se traduce de manera automática en una implementación real y cotidiana dentro del tejido corporativo. Los datos más recientes publicados por Eurostat revelan un escenario complejo donde el entusiasmo inicial choca con barreras estructurales profundas. Lejos de tratarse de un simple desinterés comercial, la resistencia a dar el salto tecnológico responde a factores profundamente arraigados en el tejido administrativo, legal y formativo de…
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