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Me gusta Coca-Cola y no voy a cambiar a Pepsi, aunque su publicidad sí sabe bien: cumple el objetivo de aumentar el mental availability

Cada vez que Pepsi lanza una campaña comparándose con Coca-Cola reaparece una reacción casi automática entre los consumidores: si me gusta Coca-Cola, no voy a cambiar a Pepsi solo porque me lo diga un anuncio. Esa afirmación es lógica, honesta y, desde el punto de vista del comportamiento del consumidor, mayoritariamente cierta, pues las preferencias en categorías maduras como la de los refrescos de cola son estables, emocionales y profundamente ligadas al hábito, y la publicidad rara vez rompe lealtades fuertes, mucho menos cuando se trata de marcas que forman parte de la cultura popular desde hace décadas.Esa dinámica no…

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