El descenso en la confianza sobre el retorno de inversión de la inteligencia artificial representa un fenómeno fascinante que, lejos de señalar un fracaso tecnológico, marca el inicio de una etapa de madurez necesaria para el sector empresarial. Durante los primeros compases de la implementación masiva de estas herramientas, el éxito se medía a menudo a través de indicadores superficiales o mejoras marginales en la productividad individual. Sin embargo, al alcanzar el ecuador de febrero de 2026, las organizaciones han comenzado a aplicar criterios mucho más rigurosos y realistas, desplazando el foco desde la fascinación por la novedad hacia la…
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