El panorama de la interacción entre consumidores y corporaciones está experimentando una transformación profunda, donde la lealtad a una marca ya no se cimienta únicamente en la calidad o el precio del producto. En este nuevo escenario, los valores intrínsecos de una compañía emergen como un factor determinante, capaz de influir directamente en las decisiones de compra y, en ocasiones, de desencadenar movimientos de rechazo a gran escala. La noción de que los consumidores votan con sus carteras ha trascendido la esfera meramente económica para adentrarse en el terreno ético y social, convirtiendo el boicot en una herramienta cada vez…